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No fumar

El cigarrillo, junto con el sol, es uno de los enemigos más importantes de la piel; y como la vida no es justa, el daño en la piel es más notorio en las mujeres que en los hombres, dado que las mujeres tenemos la piel más delicada. Estudios epidemiológicos realizados confirman que el riesgo de arrugas de las mujeres fumadoras es casi el triple respecto a quienes no consumen tabaco y el doble en el caso de los hombres. El tabaco induce la producción de radicales libres, que favorecen el envejecimiento y a su vez, produce una disminución de la vitamina A, encargada de proteger a la piel de dichas moléculas. Las arrugas de los fumadores son distintas, más estrechas, profundas y con contornos bien marcados. Se conoce como el 'rostro del fumador'. La persona presenta una piel rugosa y un tanto grisácea, su cara deja a la vista los relieves óseos (especialmente de los pómulos), los labios y los ojos están rodeados de arrugas finas, líneas profundas y superficiales en las mejillas y las mandíbulas.